miércoles, 6 de abril de 2011

Carta del mes de abril de 2011 del 1er. Viicepresidente Ernesto Soler









Abril 6, 2011 Amigos y amigas artistas Es posible que muchos de ustedes sepan que el 4 de julio de 1776 se firmo La Declaración de Independencia de Los Estados Unidos y el autor de la misma el Sr. Thomas Jefferson entre otras cosas señaló. ‘Sostenemos como evidentes estas verdades: que todos los hombres son creados iguales.’ Un pensamiento muy hermoso expresado para dar inicio a una nueva nación y es lo que pretendo considerar en este mes. A pesar de esta idea, el país se enfrentó a una desigualdad, inclusive el Sr. Jefferson compró esclavos no para que fueran libres, no es fácil ver a los demás como iguales a nosotros. Los agnósticos trasmiten equivocadamente ideas y pensamientos sublimes de luchar por ese derecho de igualdad y por otra parte los creyentes tienen una verdad divina. ‘Dios hizo de un solo hombre toda nación de hombres.’ (Hechos 17:26) Ambos grupos quieren el mismo fin para la humanidad. ¿Por qué no se logra? Porque el ‘prejuicio’ es un problema que a todos nos atañe. Muchos hemos actuado apresuradamente al juzgar a una persona y luego generalizamos a todo un grupo con las mismas características, porque una vez que el prejuicio se apodera de la persona, esta tiene aversión a casi todo grupo étnico. La persona prejuiciosa no tiene que ser un contendiente y puede ser que tenga amistades de otras razas, pero con cierta sutileza trata de demostrar sus sentimientos de superioridad. Es posible que una mala experiencia vivida le haga pensar de esa manera y le cueste trabajo cambiar su modo de pensar y estén arraigados profundamente esos pensamientos prejuicios. Tal vez la educación seglar, la posición social, el nivel económico le haga ver a los demás de manera muy diferente e inferior a usted. Pero si usted fuera la víctima de una acción prejuiciosa, seguro que ese pesar lo llevará dentro de su corazón. Prejuzgar a una persona o grupo es demostrar intolerancia. Recuerde que la vida es como una rueda muy grande, unas veces estamos arriba, otras estaremos abajo y si somos prejuiciosos podremos convertirnos en victimas de nuestras propias malsanas ideas. La Organización The Cove Rincón, de las que muchos de nosotros formamos parte, nos esforzamos por mantener la unidad, no permitiendo que ni la raza, ni la nacionalidad, ni el credo nos dividan, al contrario abrimos las puertas dándoles a todos la bienvenida y nos hermanamos, nos unimos como iguales aunque tengamos ideas diferentes y una cosa de la que estamos seguro es que nadie se sentirá menos que los demás porque somos capaces de ayudarle a levantar su autoestima. Recientemente se nos unieron unos escritores nicaragüense que nos ayudaran con su verso a ser aun más sensible; unos de ellos son el Sr. Cesar Lacayo, y la Sra. Ligia Guerrero. Como Organización Cultural seguiremos cruzando fronteras, tocando corazones y si Dios quiere, sanando heridas. Estaremos dejando una huella en esta ciudad y del otro lado del mar para que los que quieran seguirnos sepan cómo llegar a nosotros. Si ahora me lo permiten quiero hablarles del lugar donde nací, del que me siento muy orgulloso. Soy de una isla grande, una tierra rodeada de grandes océanos, con muchos parques marinos llenos de variadas especies, una de sus hermosas playas de arena fina y agua cristalina es, Varadero. También hay un río espacioso que serpentea en su profundo cause atravesando una selva tropical que llamamos Amazona y qué decir de las cordilleras Andinas que tiene mi tierra y el imponente y majestuoso monte Everest con sus 8.849 metros de altura con sus nieves perpetuas. Tenemos impetuosas cataratas que mueven sus aguas; grandes desiertos de arenas y una floresta llena de belleza. En mi tierra, el sol brilla más que otro lugar y las noches están llenas de titilantes estrellas. La semana pasada tuve la oportunidad de viajar en una nave espacial y suspendido en el vacío me deleité mirando mi patria, la tierra donde nací. Quedé admirado al verla tan hermosa, es como una valiosa joya azul colgando de la nada. No distinguí líneas divisorias, ni fronteras, tampoco vi a Dios por ninguna parte, pero sé que El estaba allí muy cerca de mí y grité al silencio. ‘¡Mi Dios! ¡Gracias por escogerme para vivir en la Tierra!’Hasta la próxima Ernesto Soler 1er Vicepresidente The Cove /Rincón Internacional

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